FERMENTACIONES POLITICAS

Por: Daniel Amézquita

Reformas parciales o constituyente?

Hace unos días el gobierno anuncio la propuesta de una nueva reforma política, como una idea de avanzada para asegurar la construcción estable de paz y de estabilidad política, no obstante, esta propuesta parece estar carente de fundamentos estructurales y tendríamos que esperar los informes de una comisión que estudie la pertinencia de la misma. Aunque hay varias voces que se han pronunciado al respecto la constante es la misma, un sobresalto y hacerse la pregunta, ¿es el momento de afrontar una reforma de estas características? Vale la pena aceptar la invitación a revisar las propuestas del gobierno no sin antes revestirse de tres capas de paciencia, respirar profundo y sentarse a analizar contemplando escenarios someramente enunciados aquí, pero dignos de profundizar en su discusión.

Una reforma de estas dimensiones en el momento histórico de los acuerdos de paz, si se contempla esta posibilidad para darle viabilidad al segundo punto de los acuerdos en la habana por medio de las vías del fast track (recurso útil pero que ya amenaza con su utilización inocua y peligrosa), dejarían  en entredicho las reglas del mismo acuerdo y aunque suene molesto aceptar las tesis de ciertos sectores políticos, una modificación del sistema electoral so pretexto de ampliar el espectro para la participación política de las FARC, no quedan bien con nadie y solo constituyen en cambios de las reglas de juego a mitad de camino, pésima sintomatología para un Estado sólido que está logrando superar la violencia con este y otro grupos armados. Se trata de comprometernos con la paz.

Dos, la reforma política en medio de la crisis de legitimidad que abren los casos de corrupción, aunque este punto resulta algo más amable de analizar en cuanto una reforma, debería incluir el fortalecimiento de sanciones, control y vigilancia de las autoridades electorales, pero hasta el momento lo que se nos ha presentado dista mucho, en medio de las discusiones sobre las circunscripciones, la edad mínima para ejercer el derecho al voto, solo se percibe una profunda neblina difusa para lograr la anhelada transparencia, sensación que surge de la débil ponencia que realizo el ministro del interior, que ante la falta de contundencia, anuncio la necesidad de realizar estudios técnicos que avalaran la tesis de dicha reforma, dejando en el aire dudas, aunque es una propuesta seria para analizar. Hasta ahora no permite ver compromisos para afrontar la corrupción.

Y tres, la viabilidad de realizar cambios significativos del sistema electoral, en tiempos de precampañas y tendencias inflacionarias derivadas de nuestro recién estrenado paquete tributario, este último resulta altamente inconveniente por cuanto asumir los costos de una reforma, sus estudios y su posible influencia negativa en tiempos electorales, y con mayor ahínco podríamos cuestionar los esfuerzos institucionales para cumplir con los tiempos de un calendario electoral próximo.

Debo admitir que algunos apartes suenan interesantes, extender el periodo presidencial a cambio de abolir la reelección, las facultades extensivas para el consejo nacional electoral y el reordenamiento de la registraduria, aunque como mencione atrás parece no ser el mejor momento para implementar la discusión en ese caso hay dos opciones pensando en corresponder a los dos problemas (paz sostenible y lucha contra la corrupción) que dieron origen la carta de derechos del 91, corresponder el modelo que se consagro  entonces o reabrir la discusión de una nueva constituyente antes que aceptar la colcha de retazos sin coherencia que parece alumbrar desde los sectores de la unidad nacional.

 

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