¿El reencauche del baile rojo?

Por: Germán Felipe Muñoz

Con el cubrimiento que pocas veces se le da, distintos medios de información y la gran prensa nacional han informado en días recientes del asesinato de varios líderes sociales y de derechos humanos en distintas regiones del país, eventos que en el plano informativo han roto con la aparente y tensa calma que se venía registrando en las otrora zonas de conflicto, por cuenta del cese bilateral y definitivo pactado meses atrás entre el Gobierno Nacional y la guerrilla de las FARC.

Noticias que no dejan de crear estupor y consternación en todos aquellos que vemos en estos acuerdos de Paz una esperanza para recorrer la senda de la construcción de un país en ausencia del traqueteo de las ametralladoras.

Según la información difundida por la revista Semana, sólo en el fin de semana que acaba de pasar, cinco miembros de asociaciones campesinas y defensores de derechos humanos fueron asesinados en los departamentos de Caquetá, Meta y Nariño. El caso del asesinato del líder campesino Erley Monroy el pasado viernes y al día siguiente el dirigente Hugo Cuellar, ambos integrantes de la Asociación Campesina Ambiental del Lozada Guayabero, da pie para indicar que en este caso, el blanco de los ataques es una organización y no un individuo particular, como entre líneas quiso afirmar el alcalde de San Vicente del Caguán. Preocupa que como ha sostenido la líder de la UP, Aida Abella, se consolidé un nuevo plan de exterminio sistemático contra integrantes de organizaciones políticas que representan en sus regiones ideales alternativos e independientes al poder gamonal.

No sería la primera vez. La historia reciente de Colombia registra con conmoción el primer plan sistemático que bajo el nombre de El Baile Rojo, acometieron fuerzas paramilitares en contubernio o bajo la connivencia de las fuerza militares para aniquilar el partido Unión Patriótica, fuerza política nacida de las conversaciones de paz entre el gobierno del presidente Belisario Betancur y la guerrilla de las FARC a mediados de los años 80 y que tuvo que ver enterrar a miles de sus militantes en el período comprendido entre su surgimiento y finales de los 90, incluidos dos candidatos presidenciales.

Y es que las regiones donde han sucedido estos hechos, demuestra y confirma que hay enemigos declarados a los acuerdos con las FARC y su posterior implementación, para quienes claramente la paz no es negocio. Asesinatos selectivos y escalonados a líderes locales para desmembrar la organización popular y generar terror en sus bases sociales integran el modus operandi de grupos de extrema derecha, mercenarios  al servicio del narcotráfico, la minería ilegal y los mercaderes de biocombustibles, para quienes la movilización popular puede echar al traste sus intereses económicos.

En este sentido, es de saludar el anuncio hecho en las últimas horas por el presidente Santos, en el sentido de ordenar a la Fiscalía el esclarecimiento rápido de estos homicidios, así como de convocar a consejos de seguridad en los municipios más afectados por estos hechos, a fin de analizar la situación de seguridad de algunos líderes sociales. Sin embargo, y como fue expresado por el mandatario, lo que ahora resulta trascendental es iniciar cuanto antes el proceso de implementación del Acuerdo de Paz; lo cual sería positivo en cuanto que éste incluye medidas de protección y garantías de participación a las organizaciones sociales y políticas de las zonas de conflicto, así como el aumento de la presencia de las fuerzas del estado en las áreas de anterior dominio de la guerrilla.

Por su parte, a los jóvenes y a la ciudadanía en general nos corresponde manifestar por las vías democráticas nuestro repudio total a estos hechos y exigir de las autoridades garantías plenas al ejercicio político en cualquier rincón del país. Solo atacando la indiferencia de la ciudadanía y el desconocimiento de la opinión pública en general, podremos atajar desde sus inicios los posibles planes de exterminio orquestados por los enemigos de la paz. De no ser así, se pintará de negro el horizonte para la nueva generación de líderes políticos y sociales que aspiran a transformar este bello país.

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